Pero ¿cuánto había cambiado todo en realidad?. Sentía algo por dentro que nada tenía que ver con lo que pasaba afuera. Sentir, sin embargo, que podía tener otra actitud me llenaba de alegría. Alegria porque podría demostrar, de una vez por todas, que las cosas podían ser de otra manera, y no como se habían planteado hasta entonces. Era como volver de un largo viaje. Regresar con las valijas llenas de cosas nuevas pero que no sabían qué rol iban a cumplir en este nuevo escenario. De vez en cuando la duda...la duda de siempre, pero a pesar de todo estaba decidido. Aunque salir y mostrarme tal cuál había decidido ser se complicaba bastante.
A pesar de todo agarré mi bolso y salí a la calle, caminé apresuradamente y convencido hacia la parada del colectivo. Subí con intenciones de ser otra persona, esa persona que había nacido en mi. Me senté como siempre en el último asiento y volví sin querer, a mi costumbre de siempre: música y cavilaciones sin sentido que me vuelven más como era que como quiero ser. Sin querer, también como siempre pasó casi una hora, una hora y algo y bajé con ese otro que se parecía a mi pero que todavía no era. Caminamos un par de cuadras, entramos a un bar y nos sentamos en una última mesa, siempre última...último asiento, última mesa, esa necesidad de pasar desapercibido que no sabía si era de él o mía. Y ahí estábamos, decidiendo qué hacer, si vivir nuestra única vida o volver hacia donde ya no se podía, era el punto del no retorno.
Tal vez no era una gran decisión y ni siquiera sabía si lo iban a notar. Digo, esto de que era otra persona, ni vieja ni nueva, otra. Con esa ansiedad mezclada con felicidad salí del bar y empecé a caminar hacia el trabajo de siempre, la oficina de siempre, la vida de siempre, siendo otro... sin que nadie lo note.
jueves, 23 de septiembre de 2010
Esta experiencia resultó para mi, única. Se abría para mí una dimensión desconocida, llena de preguntas y de curiosidades. Reconocer nuevamente mis sentidos, era casi como volver a nacer. Estaba naciendo de nuevo , y por primera vez me sentía capaz de desenmascarar aquellos sentimientos que hasta entonces había reprimido. No es que esa conducta fuera en mi, racional, pensada, calculada: simplemente obedecía a un aspecto de mi personalidad que más de una vez yo me empeñaba en "amordazar". En más de una oportunidad pulsaba por salir y me generaba una sensación como si perdiera el control de mi mismo, pero esta vez era diferente. Una nueva experiencia se abría ante mi, un mundo de nuevas sensaciones por descubrir, por desenmascarar y luego , imagino, por cultivar. El mayor desafìo consistiría en cultivar esta nueva vida, en hacerla crecer una vez que este momento de despertar acabara.
El peor momento fue el de la metamorfosis. Dicen por ahí que todo cambio genera
El peor momento fue el de la metamorfosis. Dicen por ahí que todo cambio genera
Decidí seguir mis impulsos, en lugar de hacer lo que se esperaba de mí. Como en una cantinela que se repite una y otra vez, escuchaba las palabras del maestro Schopenhauer "el hombre es esclavo de sus impulsos", impulsos,.. impulsos..., voluntad doblegada..., impulsos. Ya no me importó nada. Mi cuerpo se escapó de su habitual contenido y me desconocí. Entré en una dimensión nueva, con un nuevo cuerpo. Mis manos podían tocar como si lo hiciera por primera vez. Sentí rugosidades, huecos, lugares húmedos y calientes. Mi
Y una vez más, tratando de expiar el alma de aquello que vuelve otoño al otoño y de lo cual se vale para llorar sus hojas; una vez más me encuentra, me sorprende en el camino y no deja de exprimirme el cítrico canto a tu universo. Una vez más me sorprende, paseando por la dimensión desconocida pero siempre caminada.
¿Un grito? ¿Dos gritos? ¿mil gritos? Me engañaba el silencio, me engañaba la noche, me engañaba el camino de tierra. Avanzar es retroceder entre tanta confusiòn; entre tanta literatura. Si ese grito fue de alguien que me ha engañado, mintiendo con la distancia, ocultàndome su intensidad, por lo menos me aseguro un enemigo. Un enemigo que ya no inventarìa, como mi amada luna, que por lo menos me alumbra en este andar quebrado. Un enemigo que ya no cuidarìa, como a los árboles que ya no hablan. Un enemigo que no me espera, sino para atacarme.
¿Y si no es "alguien"? Si es un espíritu, una "luz mala", una mala letra de mi escritura. Al fin hay certezas que estoy encontrando, algo, alguien, me engaña. Me aplasta. Me asegura una distancia que no es distancia, una luna que ya es todo noche.
¿Y si no es "alguien"? Si es un espíritu, una "luz mala", una mala letra de mi escritura. Al fin hay certezas que estoy encontrando, algo, alguien, me engaña. Me aplasta. Me asegura una distancia que no es distancia, una luna que ya es todo noche.
Un estremecimiento profundo llenò mi alma.
-¿Uno màs?-me preguntè. Sin embargo, ninguna respuesta acudìa a mi mente.
El camino de tierra se me presentaba como un laberinto, oscuro, intransitable, imposible. El temor por los ruidos desconocidos crecìa de manera desproporcionada. Temìa el peor de los daños. El de la temeridad perdida.
Avanzaba con paso lento, como un anciano decrèpito, inseguro. La fuerza con la que habìa comenzado poco a poco se habìa desvanecido.
La luz de la luna brillaba con todo su esplendor. El recuerdo del monstruo todavìa me perseguìa. Mirè hacia atràs, como tratando de buscar en las sombras la presencia que intuìa me estaba buscando.
De pronto, un grito atroz me erizò la piel. ¿De dònde provenìa?
-¿Uno màs?-me preguntè. Sin embargo, ninguna respuesta acudìa a mi mente.
El camino de tierra se me presentaba como un laberinto, oscuro, intransitable, imposible. El temor por los ruidos desconocidos crecìa de manera desproporcionada. Temìa el peor de los daños. El de la temeridad perdida.
Avanzaba con paso lento, como un anciano decrèpito, inseguro. La fuerza con la que habìa comenzado poco a poco se habìa desvanecido.
La luz de la luna brillaba con todo su esplendor. El recuerdo del monstruo todavìa me perseguìa. Mirè hacia atràs, como tratando de buscar en las sombras la presencia que intuìa me estaba buscando.
De pronto, un grito atroz me erizò la piel. ¿De dònde provenìa?
Fui lentamente hacia el galpón y me acerqué a uno de los monstruos. No me animé a hablarle, pero lo hizo él.
-¿Qué hacés acá, a esta hora?-me dijo.
-Me desvelé y salí a caminar. Estoy muy asustado.
-Llegaste al lugar correcto. Dejá que se vaya tu temor. Sos uno más.
-¿Uno más de qué?
Pero el monstruo no respondió. Intenté llegar a la solución por mí mismo. No pude hacerlo, continuaba turbado y sentía cada vez más desasosiego. El monstruo dio media vuelta, estiró los brazos hacia arriba y desapareció traspasando la pared.
Salí del galpón tiritando de miedo. La única iluminación era la de la luna llena. Caminé durante dos horas, siguiendo la ruta de tierra, pero no encontré a ningún ser humano. Solo los ruidos de la naturaleza, que me atemorizaban cada vez más.
Estos ruidos, sin embargo, no eran los únicos.
-¿Qué hacés acá, a esta hora?-me dijo.
-Me desvelé y salí a caminar. Estoy muy asustado.
-Llegaste al lugar correcto. Dejá que se vaya tu temor. Sos uno más.
-¿Uno más de qué?
Pero el monstruo no respondió. Intenté llegar a la solución por mí mismo. No pude hacerlo, continuaba turbado y sentía cada vez más desasosiego. El monstruo dio media vuelta, estiró los brazos hacia arriba y desapareció traspasando la pared.
Salí del galpón tiritando de miedo. La única iluminación era la de la luna llena. Caminé durante dos horas, siguiendo la ruta de tierra, pero no encontré a ningún ser humano. Solo los ruidos de la naturaleza, que me atemorizaban cada vez más.
Estos ruidos, sin embargo, no eran los únicos.
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